martes, junio 14

Día 20 – Una que escuche cuando esté bravo.

Yo no sé, pero me parece que hay distintas clases de emputadas. Las hay que llegan acompañadas luego de un vacío, una tristeza; otras que simplemente se vuelven una calma que es fácil de asimilar; que lo hacen reír a uno de manera malsana, deformando la cara, en un gesto de pura locura y ya, listo. Creo que hay tantas emputadas como formas de emputarse. Ahí facilitan las cosas la familia, el trabajo, el dinero, el clima, la comida, la imposibilidad de atender o desantender una invitación, la visita que no se va, la visita que no llega, el que está que sigue presente pero que uno quiere que se vaya para extrañarlo, el que jode cada cinco minutos, el que se emputa solo porque quiere, el que lo hace con una facilidad espantosa y el que nunca se emputa pero que cuando lo hace es mejor esconderse, entre otros. Ahora está de moda hacerlo a distancia. La virtualidad trae nuevas maneras de hacerlo y como no nos detenemos a mirar algunas cosas, porque uno a veces simplemente no puede vivir en paz, por eso leer, o buscar cosas que lo vivan afectando de esa manera es un comportamiento ya hasta de lo más normal, entonces ahí están las dos partes que se necesitan para eso, el hambre y las ganas de comer, mejor dicho. Y eso es un mal de todos, que no le haya pasado no lo hace mejor, solamente que está cada vez más cerca de hacerlo, de caer en esa tentación.

Antes escuchaba menos música, ahora más. Más de la misma. Antes no podría saber cuál canción poner para acompañar la sensación, pero otras sí.

Por ejemplo.






No creo tener ahorita una historia asociada con la canción, solo las que escucho para seguir alimentando el sentimiento ese. Uno es así.

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